Se trata de una cámara de madera de cajón deslizante fue fabricada en París en septiembre de 1839 por el cuñado de Louis Daguerre, quien fue el inventor del primer proceso fotográfico comercial. El aparato cuenta con un sello con su firma para verificar su autenticidad.

“Esta cámara supone el punto de partida de la fotografía comercial. La fotografía abandonó así su condición experimental”, explicó Martin Reinhart, responsable de subastas de la galería fotográfica vienesa Westlicht. El precio de salida de la subasta fue de 200.000 euros y la cifra pagada por un anónimo comprador ha sido de 732.000 euros.
Este daguerrotipo fue descubierto de forma reciente y se encuentra en unas condiciones de conservación muy buenas, lo que lo hace aún más valioso porque quedan muy pocos modelos originales, alrededor de una decena, y todos se encuentran en museos públicos. El lote incluye incluso unas instrucciones originales en alemán de 1839.
En cualquier caso, hacer una fotografía con un daguerrotipo no es un proceso fácil; además del gran tiempo de exposición, su extrema sensibilidad a la luz y su fragilidad lo hace difícil de manejar, por no hablar de su complejo proceso químico.
El gran tiempo de exposición hace que muchos de los daguerrotipos tomados en ciudad presenten urbes que parecen deshabitadas, ya que al moverse los viandantes no aparecían en la imagen. Y para los retratos se exigía a los fotografiados que no hicieran el más mínimo movimiento durante al menos 15 minutos.

Boulevard du Temple - Daguerre
En el mundo de la fotografía se tardó aún medio siglo en inventar un modelo más sencillo para registrar la realidad, y lo hizo posible
George Eastman en 1888, al inventar el rollo fotográfico, un paso adelante respecto a los caros cristales necesarios en los daguerrotipos.